¿Traducimos los festivos o los adaptamos?

En lo que a traducción literaria se refiere hay muchos puntos de los que podría hablar, como el de mantener los nombres propios originales o adaptarlos a la cultura o aquello de traducir los chascarrillos en una serie con algo que se entienda en la cultura de llegada, para luego quedar vergonzosamente desfasados. Pero hoy voy a hablar de los festivos. Sí, esos días maravillosos en los que celebramos algo culturalmente interesante (no cuenta tu cumpleaños, ni el de tu sobrino, ejem)

Me refiero, ni más ni menos, a los festivos nacionales de cualquier país o los días que, aún sin ser festivos, se celebra algo especial. Por ejemplo, Halloween, el Día de la madre, el Día de los inocentes, carnaval o incluso Semana Santa.

Hace años, esos días solían traducirse para que lo entendieran en la cultura de llegada. Sí, como lo de traducir las bromas que comentaba antes. Eso provocaba a veces malentendidos en los textos o en las películas (series o lo que fuera)

Así, en mi juventud vi películas en las que Acción de gracias tenía lugar la noche antes de Navidad. Y nadie aclaraba que Acción de gracias se celebraba con casi un mes de antelación. Que sí, que en eso también tienen que ver los guionistas, intentando resumir al máximo para que una peli navideña no se alargue hasta la eternidad. Claro, en una película hay formas de aclararlo, pero ¿y en un libro?

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Pues ahí son los traductores quienes deben aclarar cuándo ocurren las fiestas. Tenemos la gran suerte de que en la actualidad estamos muy conectados y todos sabemos que el 31 de octubre se celebra Halloween Estados Unidos (principalmente), en España se celebra el 1 de noviembre el día de los difuntos y que en México, el día de los muertos es el Cinco de Mayo.

¿Y entonces cuál es el problema? El problema son aquellos días que «bailan» y los meten con calzador. Como el Día de la Madre, que en España se celebra el primer domingo de mayo y en otros países durante la segunda o tercera semana. En una historia se convierte en un baile de fechas que acaban provocándome dolor de cabeza. No dejo de ir adelante y atrás releyendo hasta que encuentro dónde falla la historia.

Una gran tristeza me invade al leer un libro publicado y observar que el en abril celebran el Día de los inocentes (en abril se celebra April’s Fools que va de hacer bromas, pero no por eso sería intercambiable) y la Pascua pasa a ser Semana Santa como por arte de magia.

Qué podríamos hacer para evitar el desastre. En primer lugar hablar con el editor o el autor, si podemos, y aclarar qué quiere que hagamos. ¿Realmente quiere que adaptemos los festivos a los de la cultura o prefiere que dejemos las fechas y añadamos una nota del traductor?

Si la historia tiene lugar Halloween, una fecha fría (otoño-invierno), no podemos meter con calzador que ocurre el Cinco de Mayo para los lectores mexicanos. Sí, lo estaríamos adaptando, pero también habría que adaptar el resto de la historia (¿llevan abrigos los personajes, cogen un resfriado, ha nevado en el pueblo?) Ahora ya no es tan sencillo, ¿no?

Este ejemplo es muy obvio y nadie haría algo así… Pero, haciendo un guiño a cierta película que me encanta: he visto cosas que no creerías…

Como personajes celebrando el Día de los inocentes en diciembre… en Estados Unidos, totalmente fuera de lugar.

Aunque no siempre es cosa del traductor, ya que eso último es cosecha del propio escritor.